En esta entrevista, Fernando Casanova Aizpún, de Swiss Re Institute, analiza cómo la fragmentación geoeconómica, el cambio climático, la inflación de siniestros y los nuevos riesgos tecnológicos están redefiniendo al negocio asegurador. En América Latina, donde la brecha de protección frente a catástrofes naturales ronda el 85%, el desafío para el Productor Asesor es dejar de mirar únicamente el pasado y empezar a trabajar con escenarios.
El mapa global de riesgos atraviesa una transformación profunda. La fragmentación geoeconómica, la inversión en infraestructura y tecnología, la inflación de siniestros y una mayor exposición a eventos climáticos están modificando las condiciones en las que opera el seguro y el reaseguro.
Para América Latina, este escenario combina menor crecimiento económico, mayor vulnerabilidad frente a fenómenos naturales y una brecha de protección que ronda el 85% en catástrofes.
En diálogo con Asegurando Digital, Fernando Casanova Aizpún, economista senior de Swiss Re Institute, analiza estas tendencias y explica por qué el Productor Asesor debe avanzar desde una mirada basada en antecedentes hacia un enfoque de escenarios, prevención y resiliencia.
Desde la perspectiva del Swiss Re Institute, ¿cuáles son las tendencias económicas, geopolíticas y climáticas que hoy están reconfigurando con mayor fuerza al negocio asegurador global?
Desde nuestra perspectiva, el seguro global está entrando en una etapa de menor crecimiento cíclico, pero de mayor relevancia estructural. Vemos una desaceleración en el crecimiento real de primas, especialmente en no vida, en un contexto de mayor competencia y presión sobre precios. Sin embargo, esa moderación ocurre al mismo tiempo que el mundo se vuelve más expuesto a shocks recurrentes. En ese entorno, el seguro y el reaseguro cumplen un rol cada vez más importante como amortiguadores de volatilidad económica y social.
“El seguro global está entrando en una etapa de menor crecimiento cíclico, pero de mayor relevancia estructural”
La primera gran tendencia es la fragmentación geoeconómica. Los gobiernos y las empresas están priorizando seguridad, autonomía estratégica y resiliencia de cadenas de suministro por encima de la eficiencia pura. Esto aumenta la probabilidad de shocks de oferta y presiones inflacionarias. Para el seguro, el impacto se ve en los costos de siniestros: reparación de autos, materiales de construcción, reposición de activos, responsabilidad civil, interrupción de negocios y demoras en proyectos. La segunda tendencia es el ciclo de inversión en infraestructura, energía, manufactura avanzada y centros de datos vinculados con la inteligencia artificial. Esto crea nuevos activos asegurables, pero también riesgos más complejos y concentrados. La tercera es climática: las pérdidas por catástrofes naturales siguen una tendencia ascendente, con especial peso de los llamados riesgos secundarios, como tormentas severas, inundaciones e incendios forestales. El desafío no es solo el clima: también es dónde y cómo se acumula la exposición.
¿Cómo se traduce ese mapa de riesgos globales 2026 en la realidad de Iberoamérica? ¿Hay particularidades regionales que el asesor de seguros debería tener especialmente en cuenta?
En América Latina, los grandes riesgos globales se traducen en tres dimensiones muy concretas: ralentización macroeconómica, adversidad climatológica, y persistentes brechas de protección.
Después del inesperado impulso exportador de 2025, América Latina vuelve a una dinámica de crecimiento más moderada, en un contexto de tasas de interés estructuralmente más altas. A su vez, la inflación se ubica más cerca del techo de los rangos meta que de los niveles previos a la pandemia. Esto tiene implicaciones directas para el seguro: limita el crecimiento de los ramos más cíclicos y, al mismo tiempo, aumenta el riesgo de infraseguro si las sumas aseguradas no acompañan los costos reales de reposición.
“La brecha de protección en catástrofes naturales en América Latina tiende a ser cerca del 85%”
En la dimensión climática, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) estima en 66% la probabilidad de un episodio de El Niño severo o muy severo. El Niño se caracteriza por un clima más seco en México, América Central, el Caribe, y el norte de América del Sur, pero más húmedo en el sudeste de América del Sur. El Niño por lo general está asociado con menor actividad de huracanes, pero con mayor actividad de riesgos secundarios como las sequías, incendios forestales, e inundaciones como las de Río Grande Del Sur de 2024. La brecha de protección en catástrofes naturales en América Latina, en promedio, y con variaciones de país a país y de riesgo a riesgo, tiende a ser cerca del 85%.
Para el asesor, el mensaje de riesgo —sin convertirlo en una recomendación comercial específica— es que la conversación con el cliente debería mirar más allá de la póliza vigente. Es importante revisar la exposición actual, sumas aseguradas, costos de reconstrucción, continuidad de negocio, dependencia de proveedores, exclusiones, sublímites y medidas de prevención. En un entorno más volátil, el valor del asesoramiento está en traducir tendencias globales en preguntas concretas para cada cliente: qué puede pasar, cuánto puede costar, cuánto tiempo tomaría recuperarse y qué parte del riesgo puede reducirse antes de transferirse.
En un contexto de incertidumbre estructural, ¿qué herramientas o marcos de análisis recomienda a los productores asesores de seguros para anticipar escenarios de riesgo en lugar de sólo reaccionar ante ellos?
Desde Swiss Re Institute no trabajamos sobre herramientas comerciales para productores asesores, pero sí creemos que hay un principio muy útil: pasar de una mirada retrospectiva a una mirada de escenarios. Esto implica no basarse solo en la experiencia histórica, sino preguntarse qué podría cambiar en inflación, clima, cadenas de suministro, tecnología o regulación.
“Hay un principio muy útil: pasar de una mirada retrospectiva a una mirada de escenarios”
Para cualquier actor del mercado asegurador, el análisis de escenarios, las pruebas de estrés y la actualización permanente de la exposición son claves para anticipar riesgos.
¿Qué rol cree que debe jugar el asesor de seguros para agregar valor real al cliente frente a riesgos cada vez más complejos y volátiles, más allá de la simple intermediación de pólizas?
Desde nuestra óptica, el valor está en ayudar a que el cliente entienda su vulnerabilidad real. En un mundo de riesgos más correlacionados, no alcanza con identificar una cobertura: hay que comprender cómo se combinan inflación, clima, tecnología, interrupción de operaciones y costos de reposición.
“Prepararse no significa saberlo todo, sino desarrollar la capacidad de hacer mejores preguntas”
El asesor puede cumplir un rol clave como traductor de complejidad: acercar al cliente preguntas que quizás no se está haciendo y ayudarlo a pensar en protección, prevención y resiliencia.
Mirando hacia adelante, ¿qué recomendación le daría a un productor asesor de seguros que quiere prepararse hoy para los riesgos que probablemente definan la agenda de los próximos años?
Le diría que invierta en conocimiento de riesgos emergentes y en una mirada más integral del cliente. Los próximos años van a estar marcados por catástrofes naturales, inflación de siniestros, ciberriesgo, inteligencia artificial, transición energética, envejecimiento poblacional y nuevas formas de concentración de activos. Prepararse no significa saberlo todo, sino desarrollar la capacidad de hacer mejores preguntas, apoyarse en datos y trabajar con una lógica de prevención y actualización permanente.