En esta columna, publicada en la revista Todo Riesgo en su edición de julio, la presidente de FAPASA y COPAPROSE repasa su recorrido durante unas semanas muy intensas: capacitaciones en el interior, un protagonismo inédito de la intermediación latinoamericana en España y una certeza que se repite en cada escenario: el vínculo humano no tiene reemplazo.
Por Agustina Decarre, presidente de FAPASA y COPAPROSE.-
Los últimos dos meses fueron intensos, con esos días que te obligan a pensar en movimiento. Primero Salta, en mayo, con una jornada de capacitación junto a colegas y al equipo de la Superintendencia de Seguros de la Nación. Luego Madrid, en junio, con cuatro días cargados de agenda institucional, intercambio técnico y la Asamblea Anual de COPAPROSE. En el medio, el Día de la Seguridad Vial. Cada una de esas instancias, distinta en forma y lugar, giró en torno a la misma pregunta de fondo: ¿cuál es el rol del Productor Asesor de Seguros en el mundo que viene? La respuesta no llegó de un solo lado, sino de todos a la vez.
“El desafío del PAS tiene dos dimensiones: puertas adentro, profesionalización y formación continua; puertas afuera, demostrar que somos un canal insustituible”
En Salta tuve la oportunidad de decir algo en lo que creo profundamente: el desafío del PAS tiene dos dimensiones. Puertas adentro, profesionalización y formación continua. Puertas afuera, demostrar que somos un canal insustituible porque el 70% de la producción aseguradora argentina pasa por nosotros. No es un dato menor: es la prueba de que el modelo de productor mediano y pequeño distribuido en el territorio funciona. Las compañías lo saben. La gente lo sabe. Y nosotros tenemos que saberlo también. No existe actividad económica sin seguro, no existe protección familiar sin un asesor que explique qué se está contratando y por qué. Eso no lo reemplaza ningún algoritmo. La formación no es un lujo: es la base sobre la que se construye la confianza del cliente y, en definitiva, la legitimidad de nuestra profesión.
“La tecnología que nos reemplazará no será la IA, sino el productor que la use mejor que nosotros”
En Madrid, como presidenta de COPAPROSE, llevé esa convicción al centro del debate iberoamericano. Participé del XXXII Foro de Gestión de Corredurías de ADECOSE como oradora, junto a referentes de España, Colombia, Uruguay, Panamá y Portugal. Presenté la realidad de la intermediación latinoamericana: mercados que avanzan a velocidades distintas pero comparten los mismos desafíos: digitalización, modernización regulatoria, profesionalización. Visitamos el Consorcio de Compensación de Seguros y estuvimos con el director general de Seguros y Fondos de Pensiones. La experiencia de la DANA en Valencia fue impactante: ver cómo un sistema sólido de gestión de riesgos puede acompañar a miles de personas en un momento de catástrofe confirma el enorme valor social que tiene el seguro cuando cumple su función. Eso también nos interpela a nosotros. Volvimos con ideas, con contactos y con la certeza de que el camino es seguir construyendo puentes.
“Volvimos con ideas, con contactos y con la certeza de que el camino es seguir construyendo puentes”
Desde Madrid también participé del podcast Historias Aseguradas Américas, donde me preguntaron por la inteligencia artificial. Mi respuesta fue clara: la mayor amenaza no es el algoritmo, es no competir contra nosotros mismos. La tecnología que nos reemplazará no será la IA, sino el productor que la use mejor que nosotros. Hay áreas concretas donde la automatización puede liberar tiempo valioso —suscripción, renovación, inspecciones—, y ese tiempo hay que reinvertirlo en lo que ninguna máquina puede hacer: el vínculo humano con el cliente. Eso mismo aplica a la seguridad vial, un tema que este junio nos convocó a reafirmar el compromiso desde FAPASA: el PAS no es solo el que gestiona el siniestro, es también un agente de prevención. Construir cultura aseguradora y cultura vial son, en el fondo, la misma tarea: acercar a la gente la convicción de que protegerse es una decisión inteligente, no una obligación burocrática. Un país desarrollado es un país con cultura financiera y aseguradora. Y eso se construye todos los días, desde Salta hasta Madrid.