Evaluación de daños en seguros agrícolas: un proceso dinámico que exige especialización

FAPASA

Los peritos liquidadores Tomás Fourcade, vicepresidente de la Asociación Argentina de Liquidadores y Peritos de Seguros (AALP) y director de LEARISK; Sofía Poehls, directora de LEARISK; y Nicolás Di Salvo, subgerente de Riesgos Agrícolas de LEARISK, analizan con rigor técnico por qué la evaluación de daños en los seguros agrícolas es un proceso sustancialmente distinto al de otros ramos: dinámico, condicionado por la fenología, el clima y el manejo del cultivo, y cada vez más atravesado por la tecnología, pero siempre dependiente del criterio profesional en campo.

La evaluación de daños en seguros agrícolas para cultivos exige un enfoque técnico y especializado. A diferencia de los siniestros personales, comerciales o industriales, aquí intervienen factores biológicos y climáticos que definen la naturaleza y magnitud del daño. El tipo de cultivo, su estado fenológico, el evento climático (granizo, helada, etc.), el momento del año y las condiciones posteriores al siniestro determinan si el daño puede o no revertirse. Es una evaluación dinámica, siempre distinta, que requiere tanto conocimiento teórico como experiencia directa en el sitio y el uso de información climática y predicciones.

El perito agrícola debe medir, estimar y calcular el porcentaje del cultivo afectado respecto del potencial previo al evento. El criterio central es el estado fenológico al momento del siniestro: un mismo daño físico puede tener consecuencias totalmente distintas según la etapa. Por ejemplo, una defoliación del 20% puede compensarse durante la fase vegetativa, pero en floración o llenado de grano equivale a una pérdida alta de rendimiento. Por eso, los manuales técnicos cruzan etapa fenológica y porcentaje de defoliación para estimar el impacto final. Finalmente, la aseguradora indemniza únicamente el daño realmente sufrido hasta la suma asegurada; si esta excede el valor real, se ajusta.

Inspección y variables agronómicas

En campo se registran todas las variables clave: especie y variedad, densidad o marco de siembra, fecha de siembra, estado sanitario, manejo de riego y fertilización, entre otras. Cada cultivo y variedad tiene sensibilidades diferentes; por ejemplo, algunos maíces con mayor ramificación toleran mejor una helada que otros híbridos. Los protocolos oficiales exigen anotar la fenología en detalle, porque define la susceptibilidad al daño.

También deben considerarse factores complementarios como presencia de malezas, daños previos o condiciones de manejo que puedan influir en la respuesta del cultivo.

Muestreo en campo

Para cuantificar las pérdidas se aplica un muestreo sistemático. El tasador recorre el lote y selecciona puntos de verificación —habitualmente cuatro en esquinas y uno en el centro, o trazando cuadrantes según la geometría del lote—. En cada sitio se evalúan series de plantas (10, 20 o incluso 100 continuas) y se registran indicadores como porcentaje de follaje destruido, frutos dañados, tallos quebrados o plantas arrancadas.

«La etapa fenológica en el momento del evento es determinante para fijar el porcentaje de daño»

Con estos datos se obtiene un promedio de daño por punto y, luego, un daño ponderado del lote. En maíz antes de floración, por ejemplo, se mide la reducción de plantas en una muestra de 100 y se la convierte a pérdida de rendimiento mediante tablas oficiales. En frutos y legumbres se puede medir directamente la fruta perdida o tejido necrosado usando factores predeterminados.

Muestras testigo

Cuando el siniestro ocurre muy cerca de la cosecha y es necesario avanzar con ella, el productor debe dejar parcelas sin cosechar como muestras testigo. Sobre estas se hace el conteo final para extrapolar la pérdida real. La metodología oficial siempre compara lo que sucede “dentro de muestra” y “fuera de muestra” para asegurar que el cálculo represente la realidad del lote.

La importancia de la fenología y de las visitas en distintos momentos

La etapa fenológica en el momento del evento es determinante para fijar el porcentaje de daño. Por eso se registra la fenología tanto al momento del siniestro como al momento de la tasación. En la práctica, los peritos programan visitas en periodos críticos —floración de soja o maíz, cuaje en forrajeras, etc.— porque allí la vulnerabilidad del cultivo es mayor. El mismo daño que podría considerarse leve en fase vegetativa puede valorarse como un daño alto en pleno llenado.

En muchos casos la evaluación requiere más de una visita, especialmente cuando el daño aún puede evolucionar.

Comparación con siniestros patrimoniales: daño dinámico vs. daño estático

Siniestros industriales y comerciales

En los seguros patrimoniales, la verificación del daño se basa en constatar un bien físico cuyo valor puede determinarse con relativa objetividad:

  • Se verifica su estado anterior.
  • Se calcula reparación o reposición.
  • La evidencia suele ser inmediata, visible y documentable.
    Podemos decir que el daño es estático, material y comprobable en un único momento.

Siniestros agrícolas

En cambio, en los seguros agropecuarios para cultivos, el objeto asegurado es un ser vivo que evoluciona día a día.

  • El daño no siempre es inmediato.
  • Su magnitud depende del clima posterior al evento.
  • Su impacto real depende de la fenología.
  • Y muchas veces se necesitan distintas evaluaciones a lo largo del ciclo.

Podemos afirmar que el daño agrícola es dinámico y temporal, y que su verificación requiere criterios agronómicos, experiencia y múltiples observaciones.

La liquidación agrícola incluso puede requerir esperar resultados de cosecha, análisis de muestras testigo o pesadas oficiales; mientras que en industria es factible cerrar un siniestro con presupuestos de reparación.

En ambos casos, sin embargo, rige el mismo principio: la aseguradora solo indemniza el perjuicio efectivamente sufrido.

El rol del historial del lote y del asegurado

El rendimiento esperado —base para la suma asegurada— suele estimarse según resultados de campañas previas. Si el historial está subestimado, el pago también lo estará. También se evalúa si el productor cumplió con buenas prácticas agronómicas, ya que la póliza indemniza únicamente la pérdida neta causada por el siniestro.

«El daño agrícola es dinámico y temporal, y su verificación requiere criterios agronómicos, experiencia y múltiples observaciones»

Un historial de siniestralidad recurrente puede requerir verificaciones adicionales para descartar inconsistencias. Muchas aseguradoras solicitan información de campañas anteriores para contrastar datos y apoyar la tasación.

Tecnología aplicada a las tasaciones

En los últimos años, herramientas tecnológicas han permitido mayor precisión y transparencia:

  • Imágenes satelitales para identificar áreas dañadas y comparar vegetación antes y después del evento.
  • Drones para evaluar daños en cultivos altos o extensos.
  • Aplicaciones móviles con GPS y tablas de daño integradas, que registran las mediciones y generan informes completos en campo.

Aunque ninguna tecnología reemplaza la experiencia del tasador al examinar cada planta, la combinación de sensores, software geoespacial y registros electrónicos fortalece la credibilidad del peritaje.

En LEARISK, por ejemplo,  utilizamos un software propio que captura fotos georreferenciadas y aplica automáticamente tablas de muestreo a partir de parámetros relevados por el ingeniero agrónomo en el dispositivo móvil, esto brinda trazabilidad total tanto para nuestros clientes como para nuestro control interno.

Requisitos documentales y obligaciones del asegurado

El proceso formal comienza con la denuncia del siniestro y la entrega de documentación del cultivo (póliza, datos de siembra, comprobantes de insumos, etc.). El asegurado no debe alterar el área dañada antes de la inspección; incluso se indica impedir la entrada de animales hasta que el perito realice la visita. Si la cosecha debe adelantarse, se dejan muestras testigo previa autorización.

«Aunque ninguna tecnología reemplaza la experiencia del tasador al examinar cada planta, la combinación de sensores, software geoespacial y registros electrónicos fortalece la credibilidad del peritaje»

En la inspección, el tasador registra todo en un acta con croquis, fotografías georreferenciadas y planillas de muestreo, que luego se entregan a la aseguradora como respaldo técnico.

El Productor Asesor de Seguros (PAS) juega un rol fundamental como enlace entre productor, aseguradora y tasador.

Desafíos operativos en territorio

Las condiciones del territorio argentino añaden complejidad al ajuste agrícola. Lotes alejados o con caminos en mal estado pueden demorar la llegada del perito. Las condiciones climáticas adversas —barro, lluvias, calor extremo, heladas— dificultan o impiden la inspección. Además, el calendario agrícola es exigente y obliga a actuar en ventanas muy acotadas.

Estas variables encarecen la logística y exigen una planificación precisa.

Informe Final

Un  informe final suele incluir: Acta firmada por el asegurado, Imágenes georreferenciadas de muestreo, Información climática del momento del evento, Imágenes satelitales antes y después, Puntos y mapas de muestreo, y si se solicita la liquidación correspondiente del daño y los parámetros de cobertura de la póliza.

La tasación de siniestros agrícolas es un proceso complejo que exige precisión técnica, criterio profesional y la capacidad de evaluar un organismo vivo en constante cambio. Con una combinación de metodología rigurosa, tecnología y experiencia de campo, es posible determinar con objetividad el daño real y garantizar indemnizaciones justas.