Desde hace más de dos décadas, la fundación «Por Los Chicos» trabaja en educación, nutrición e inclusión social infantil. La historia no gira alrededor de quien ayuda, sino de lo que ocurre cuando un niño descubre que sí puede. Conocé todo sobre esta ONG, que entiende mejor que nadie que hay riesgos invisibles que no son parte de ninguna póliza y merecen ser atendidos con responsabilidad: crecer sin oportunidades.
La inclusión social rara vez nace de políticas abstractas: empieza cuando alguien logra aprender, comer mejor o descubrir un talento. Allí, en lo mínimo, es donde la organización intenta modificar destinos antes de que la desigualdad se vuelva definitiva.
En el mundo del seguro hablamos de previsión, de cobertura frente al riesgo futuro. Pero hay otro riesgo —más profundo— que no figura en ninguna póliza: crecer sin oportunidades. Allí actúan organizaciones comunitarias que operan antes de que el daño sea irreversible. “Por Los Chicos” es una de ellas.
En esta entrevista, Sofía Poehls —directora de LEA RISK— nos revela la tarea cotidiana de una fundación que intenta modificar trayectorias de vida en la infancia.
¿Cuál fue la motivación que te llevó a involucrarte con la ONG «Por Los Chicos» y, particularmente, a asumir un rol de liderazgo en ella?
Siempre tuve una tendencia al servicio, a estar atenta al “otro”, una sensibilidad especial para percibir lo que sienten los demás. Yo soy del interior de la Argentina. Cuando me vine a estudiar a la Universidad a Buenos Aires, primero quise hacer algo de colaboración formal en mi pueblo de origen (me fue muy difícil por la burocracia). Luego fui pasando por muchas organizaciones hasta que en Leza, Escriña y Asoc., Tomás Fourcade un día me contó que estaba saliendo para una reunión de «Por Los Chicos».
Me contó qué era, de que se trataba esta organización. Le pedí ir, acompañarlo al encuentro, y nunca más me fui. Encontré un lugar en el mundo: una organización con valores que me potenciaban, una organización que trabajaba para chicos (¡me encanta jugar, enseñar y estar con chicos!) y, sobre todo, una organización con un grupo de personas profesionales que dejaban el corazón en cada proyecto, en cada acción, y no solo me invitaban a ser parte, sino que me daban mucho lugar para crear y soñar un futuro mejor.
¿Podés describir en detalle cuál es la misión institucional de «Por Los Chicos» y cómo se traduce esa misión en acciones concretas con los niños y niñas en situación de vulnerabilidad en Argentina?
La misión de «Por Los Chicos» es expandir las oportunidades de los chicos y chicas de nuestros proyectos, con la educación como “punta del ovillo”, para favorecer su inclusión social.
Trabajamos mucho en dar diferentes espacios, dependiendo la edad y el entorno, donde la educación es el centro, y se van atendiendo todas las problemáticas circundantes para hacer más fácil llegar a cumplir con ciertos objetivos. Tenemos proyectos que van desde los 6 años, Comparte, hasta luego de los 18, Evolucionarte.
“La misión de ‘Por Los Chicos’ es expandir las oportunidades de los chicos y chicas de nuestros proyectos, con la educación como ‘punta del ovillo’, para favorecer su inclusión social”
Desde lo formal, esta es nuestra misión: en “Por Los Chicos” trabajamos desde 2001 para mejorar la calidad de vida de casi 3.500 chicos en situación de vulnerabilidad en la Argentina, con énfasis en la educación y la nutrición infantil, para poder expandir sus oportunidades y favorecer así su inclusión social.
Para esto, brindamos apoyo alimentario a comedores y desarrollamos proyectos sociales en diferentes puntos de nuestro país, desde una perspectiva de respeto a los derechos de los niños, niñas, adolescentes y familias, cuyos ejes son: el apoyo a la salud, la nutrición, la educación, el arte y la inclusión cultural y social de aquellos que participan.
“Por Los Chicos” no tiene afiliaciones políticas ni religiosas y está formada por gente como vos que un día se animó a ayudar.
La ONG trabaja desde 2001 en temas de educación y nutrición infantil. ¿Cómo ha evolucionado el enfoque de la organización desde su fundación hasta la actualidad?
La ONG inició como respuesta a una crisis social, donde la alimentación era el centro. “Por Los Chicos” siempre fue un poquito más allá y no solo llevaba platos de comida, alimentos, sino que tenía proyectos de nutrición, Proyecto Crecer, que hacía un seguimiento nutricional con nutricionistas en campo, con seguimiento no solo de los chicos, sino de las familias y les daba muchas herramientas. Luego la problemática fue cambiando, sentimos que nuestro aporte sería mucho mayor en educación y comenzamos con proyectos educativos en 2013 y siguen hasta el día de hoy.
El cambio fue resultado de estar cerca de las comunidades y entender de primera mano por dónde pasan las limitaciones en las oportunidades, en la libertad para la toma de decisiones.
¿Qué estrategias utilizan para mejorar la nutrición de los niños y niñas en las comunidades con las que trabajan y cómo se mide el impacto de estas intervenciones?
Con la donación de comida mensual, con equilibrio de nutrientes considerando a cada familia y, lo más importante, el compromiso y la educación de los responsables familiares y de los chicos mediante talleres, cursos de cocina con diferentes alimentos, juegos y mucho seguimiento.
En tu experiencia, ¿cuáles son las barreras más importantes que enfrentan las familias para garantizar la educación y la alimentación adecuada de sus hijos, y cómo intentan abordarlas desde «Por Los Chicos»?
El problema más importante es el desconocimiento y las barreras de inclusión para mantener hábitos de educación y alimentación sanos. Por ejemplo, si con una lluvia “normal” la calle se inunda y no se puede salir al colegio porque me mojo mis únicas zapatillas (si no se me mojaron con la lluvia dentro de mi casa), si no se va al colegio porque ya estoy en tercer grado y no sé leer y no hay forma de que me acople a las tareas, si lo único que puedo comprar es un pan o no tengo dónde almacenar verduras… la distancia a modelos de hábitos saludables es muy grande. Hay problemas estructurales muy difíciles de superar, pero es posible con esfuerzo y poniendo la energía donde se debe.
“El cambio fue resultado de estar cerca de las comunidades y entender de primera mano por dónde pasan las limitaciones en las oportunidades”
Desde “Por Los Chicos” intentamos mostrarles otros modelos, mostrarles otras realidades y ayudarlos a recorrer el difícil camino de conseguir mantener esos hábitos, con herramientas concretas.
¿Cuál es tu rol específico dentro de la ONG?
Mi rol actual es como directora y como voluntaria. Articulo algunas acciones concretas en campañas (Útiles por los chicos y Grandes Pasos), soy voluntaria siempre que puedo y siempre estoy pensando qué más podría hacer, quién más se podría sumar como donante o como receptor, porque siento que el beneficio es por partes iguales.
Por suerte el equipo sigue siendo lo que distingue a esta organización y siempre hay un equipo que continúa con la operación diaria. Eso nos da la posibilidad a los más “antiguos” de ir buscando otros roles.
¿Cómo garantizan la transparencia en el uso de los recursos?
Desde “Por Los Chicos” somos totalmente transparentes: se publican los gastos por proyectos, todo lo que se recibe se entrega. Tenemos procedimientos de agradecimiento con fotos e información concreta de adónde fue la donación material, así como para padrinos y empresas donantes con el destino de sus fondos.
Además de la asistencia alimentaria y educativa, ¿abordan otras dimensiones del desarrollo infantil?
Dentro de nuestro objetivo está la inclusión social, la libertad, y a eso solo se llega con educación y habiendo conocido otros “mundos”, habiendo estado expuesto a otras “formas”. Cuando decimos que ampliamos las oportunidades, nos referimos, por ejemplo, a dar talleres de danza con profesores de primer nivel, van artistas plásticos reconocidos, enseñamos idiomas, hacemos simulacros de viajes, salidas culturales, juegos de búsqueda del tesoro por la Ciudad de Buenos Aires y mil proyectos más. La cantidad de chicos que han encontrado su vocación en nuestros talleres es increíble.
“Hay problemas estructurales muy difíciles de superar, pero es posible con esfuerzo y poniendo la energía donde se debe”
Un caso fue el de Sofi, una nena de tercer grado que siempre sentía que no podía hacer nada bien en la escuela ni concentrarse, hasta que llegó el taller de arte… le pusimos una obra de Picasso enfrente y estuvo una hora dibujando a un nivel que todos nos quedamos mirándola.
O Kiara, que le costaba mucho leer y escribir en cuarto grado, pero cuando llegó el taller de danza cerró los ojos, bailaba y parecía que flotaba… después de eso la emoción de las profesoras fue tal que la becaron en una escuela de danza de Belgrano.
¿Cuáles son los próximos desafíos o metas de “Por Los Chicos” para los próximos años?
Los desafíos son muchos: mantenernos y adaptarnos a las necesidades siempre está en primer plano, estar cerca de comunidades vulnerables y aportar.
Permitir realmente la inclusión social, dar oportunidades reales y que cada uno pueda vivir la vida que elige.
“Desde ‘Por Los Chicos’ somos totalmente transparentes: se publican los gastos por proyectos, todo lo que se recibe se entrega”
Siempre uno tiene sueños grandes, pero después de más de 15 años siendo voluntaria 24/7 no fueron los grandes proyectos los que me hicieron llorar de felicidad, sino pequeños —enormes— momentos donde ves que tu granito de arena aportó. Nada es posible solo. En “Por Los Chicos” encontré un grupo de personas que son amigos, hermanos, con los que me miro y sabemos perfectamente qué hay que hacer. Mi futuro en la organización pasa por ahí: por seguir alimentando desde lugares diferentes esos vínculos que generan acciones pequeñas pero constantes que cambian la vida de las personas para una vida mejor. No me imagino mi vida sin “Por Los Chicos”.


