Las Ruinas de San Ignacio, entre muros rojos y memoria viva

FAPASA

Florencia Rotchen, Productora Asesora de Seguros, vocal de AMPAS (Misiones), nos invita a conocer —desde la mirada local— uno de los principales atractivos turísticos de la provincia: las Ruinas Jesuíticas de San Ignacio. Conocé su vínculo con este lugar único y sus recomendaciones para quienes planean visitarlas.

Pocas estampas del litoral argentino guardan tanta fuerza simbólica como las Ruinas de San Ignacio. En el corazón verde de Misiones, a apenas una hora de Posadas, emerge uno de los enclaves históricos más fascinantes del continente: un conjunto arquitectónico que sintetiza siglos de lucha, evangelización, intercambio cultural y resistencia. Para muchos viajeros, es un descubrimiento conmovedor; para quienes viven cerca, como la Productora Asesora de Seguros, Florencia Rotchen, es parte del paisaje cotidiano, una presencia permanente que dialoga con la identidad provincial y con la historia sudamericana.

La reducción presentaba un diseño urbano barroco, con una calle central y un templo construido en piedra roja local, con tejas y detalles tallados. Su arquitectura combinaba arte jesuítico y huellas guaraníes. Restaurada a mediados del siglo XX, es el sitio misionero mejor conservado del país y Patrimonio Mundial UNESCO desde 1984.

En esta entrevista, Rotchen comparte su vínculo con las ruinas y ofrece recomendaciones para quienes planean visitarlas: cómo llegar, cuándo ir, qué otros atractivos conocer y qué detalles no dejar pasar. También reflexiona sobre el modo en que la comunidad convive con el turismo, el valor del patrimonio arquitectónico y el impacto subjetivo de caminar entre muros que han sobrevivido al paso del tiempo. No se trata solo de un destino turístico: es un punto de encuentro con la memoria y con las huellas profundas del pasado.

“Las Ruinas de San Ignacio son parte del paisaje cotidiano, una presencia permanente que dialoga con la identidad provincial y con la historia sudamericana”

¿Cómo se llega a las Ruinas de San Ignacio? 

Se puede acceder en avión hasta la ciudad de Posadas y de ahí son 40 min en vehículo terrestre hasta San Ignacio, a aproximadamente 60 km. También se puede llegar en colectivo o en vehículo propio. San Ignacio está ubicado sobre la Ruta Nacional 12.

Conjunto Jesuítico Guaraní Santa María La Mayor

“Al igual que ocurre con las Cataratas del Iguazú, la gente queda impactada”

¿Cuál es la mejor época del año para visitarlas? 

Todo el año está apta para las visitas. Septiembre y octubre con época de lluvias, generalmente, pero el clima es muy impredecible. En verano, de noviembre a marzo, suele hacer mucho calor y el sol es fuerte.

¿Qué detalle arquitectónico o histórico te parece más deslumbrante de las ruinas? 

Sin dudas, el reloj de sol. Estamos acostumbrados a tener noción del tiempo pero no siempre fue así.

¿Qué reacciones suelen tener los visitantes cuando ven las ruinas por primera vez? 

Al igual que ocurre con las Cataratas del Iguazú, la gente queda impactada. A mí, y a otros locales, ya no nos asombran. Como tenemos estas maravillas tan cercanas, pienso que a veces, no las valoramos en toda su plenitud.

Conjunto Jesuítico Guaraní de Santa Ana

“Como tenemos estas maravillas tan cercanas, a veces no las valoramos en toda su plenitud”

¿Cómo convive la comunidad local con la llegada constante de turistas? 

Yo no vivo en San Ignacio, y tampoco hay un turismo tan masivo, por suerte. Las ruinas están ubicadas a un lado de la ciudad. Pero para los locales la presencia de extranjeros ya es habitual.

¿Qué impacto económico y social tienen las ruinas para la gente de San Ignacio? 

El impacto es reducido. La mayoría de la gente no vive ligada al turismo. San Ignacio es un paso obligado en la ruta para ir y venir entre Posadas e Iguazú. No muchos se quedan a dormir en San Ignacio. El turismo para en esta localidad, y recorren las ruinas. Luego siguen su camino hacia otros puntos.

Conjunto Jesuítico Guaraní de San Ignacio Miní

Además de las ruinas, ¿qué otros atractivos turísticos recomendarías en la zona? 

Misiones se caracteriza por tener muchos saltos y cascadas. Cerca de San Ignacio tenes Posadas que se destaca por su costanera, sus locales gastronómicos, y el puente que conecta con la ciudad de Encarnación, en Paraguay. 

“Recorrer nuestras reducciones es fascinante y la experiencia invita a imaginar la grandeza de una época que es reconocida aún en la actualidad”

Si tuvieras que hablar con alguien, ¿qué le dirías para invitarlo a conocer las ruinas?

Que recorrer nuestras reducciones, es fascinante. Que vale la pena observar en cada una las particularidades que las hacen especiales y diferentes entre ellas. La experiencia invita a imaginar la grandeza de una época que es reconocida aún en la actualidad. Cada uno de los 30 Pueblos guaraníes tenía identidad propia y cumplían un rol determinado en el complejo entramado de las Misiones Jesuíticas de Guaraníes. Por ello, al abordar la valoración y el rescate de un conjunto jesuítico no se deben perder de vista aquellos aspectos peculiares que lo hacían necesario y vital en el contexto de los demás pueblos.

Conjunto Jesuítico Guaraní Nuestra Señora De Loreto

¿Qué sentís cada vez que volvés a caminar entre esas paredes cargadas de historia? 

Me pongo a pensar que distinta hubiera sido la historia si no hubieran llegado estos procesos culturales. ¿Fue mejor o fue peor?

Fue fundada por los padres José Cataldino y Simón Masseta en 1610. Por ataques de los bandeirantes debieron emigrar. El padre Antonio Ruiz de Montoya condujo el éxodo de 12.000 aborígenes a través de selvas y ríos de la región. Luego de varios asentamientos temporales, en 1696 se establecieron definitivamente. En su apogeo llegó a contar con una población de 4.500 guaraníes. Expulsados los jesuitas en 1767, San Ignacio Miní sobrevivió hasta ser destruido durante la guerra de fronteras de 1817.

La Compañía de Jesús, creada en 1540 por Ignacio de Loyola, impulsó las Misiones Guaraníes desde 1609, fundando 30 pueblos en la región. Tras conflictos y éxodos por ataques bandeirantes, el proyecto se consolidó hasta la expulsión de los jesuitas en 1767 y la disolución de la orden en 1773.